MÁXIMAS DE MÁRÍA FELICIA DE JESÚS SACRAMENTADO

Tenemos sus preciosos escritos en diarios, poesías y cartas. Escritos de espontaneidad amable, sencillos, penetrantes, nos revelan que ella vivió en plenitud su vocación bautismal de apóstol.

  • Renuevo ante Tí, Jesús Hostia, este deseo sincero e íntimo de inmolar mi vida en aras de tu amor

  • La últimas fuerzas de mi ser Tú me las diste y a Tí Señor, las vuelvo.

  • Todo mi afán está en trabajar hasta caer rendida, (como en algunas noches), y, aún rendida, seguir... hasta agotar las fuerzas por la Gloria de Dios y la salvación de las almas. Todo está entregado, y la consigna de la hora es trabajar hasta caer muerta, si es posible. Pero trabajar con espíritu en la más íntima y profunda unión con Dios.

  • Cuanto mas haya que hacer y donde estar, dando gota a gota de nuestra vida, tanto mejor, hasta que llegue el día ansiosamente esperado: en este momento mi papel no es otro que recibirlo todo con calma, como todo venido de la Providencia y no traicionar a la Causa."

Ofrecimiento de dolores:

  • Anoche, qué feliz me sentía al poder darme Dios la gracia de ofrecerle los dolores que sentía. No me he quejado un instante, antes bien, Señor, tú sabes cómo te lo ofrecía y sobre todo por esta nuestra decisión sublime de entrega total.

  • ...pero Dios me ha dado la gracia grande de ofrecer agradecimiento, sin quejarme en nada y tratando de sonreir... No obstante, Jesús mío, sigo ofreciendo uno a uno, gota a gota, este cáliz por nuestro apostolado, ¡por tu gloria!

  • Me siento bastante decaída a veces. Ya lo sabes, mi Dueño: cuando quieras, lo que quieras...

  • Como te agradezco, Señor, (este malestar físico intenso), íntegramente todo te ofrezco, Señor, por tu gloria y salvación de nuestra alma y, junto con la nuestra, la de miles de almas más.

Pronto comprendió que sin santidad no era posible el apostolado, es decir, la conversión de las almas.

  • Es necesario santificarnos para poder dar algo a los demás

Ofreciendo los recuerdos

  • Muchos son los recuerdos que tratan de avasallarme, ¡Jesús mío! ¡Cuanto en verdad me gustaría vivir, unos instantes, aquellos que serían imborrables! Pero con toda calma, con la generosidad más amplia, Tú ves cómo te los he ofrecido, ofreciéndote a cada instante todos los trabajos, luchas, angustias, cansancios de estos días.

Ofreciendo los trabajos

  • Jesús mío, con toda el alma, con la generosidad más amplia, Tú ves cómo te los he ofrecido, ofreciéndote a cada instante todos los trabajos, luchas, angustias, cansancios de estos días

Ofreciendo las soledades

  • Estoy pasando unos días de verdadera preocupación: un tanto el desaliento y otro tanto la tristeza de esto que llamo soledad, han querido envolverme sin más ni más en sus redes. Por ello mismo multiplico mis defensas: el trabajo desplegado es el más intenso. Y cómo cuesta ofrecer, Señor; esto ya estaba ofrecido.

  • Hay momentos verdaderamente desoladores, que si no fuese por ese ideal que abrazo...yo no sé si hubiera resistido sin desesperarme. Pero Nuestro Señor es incalculablemente generoso para conmigo, pues, cuando ya va a ser, según mi parecer, imposible seguir soportando, de cualquier lado me hace llegar una palabra, un gesto, una sonrisa que vuelve a levantarme.

  • Señor, Tú sabes cómo recibo tus pruebas, no permitas que flaquee en nada, acepta en cambio todos mis esfuerzos y desvelos, y dame en cambio, Dios mío, un verdadero espíritu de oración, sacrificio y acción.

Ofreciendo la propia voluntad

  • Mi papel no es otra cosa que hacer que se cumpla en mí la voluntad del Padre Celestial, aunque esa Voluntad para conmigo parezca y sea muchas veces tan dura

  • No hago sino tratar de realizar en mi lo que la Divina Providencia disponga... Yo pienso que una sola vez se ama en la vida. Porque amor es darse, prodigarse...

  • Padre, acepta para tu gloria la entrega total de mi ser en unión con el perfecto holocausto de tu divino Hijo. En El, por El y con El quiero vivir, amar, creer, sufrir, y morir. Elijo su Corazón como lugar de mis eterna morada.

Se acostumbró a repetir una breve jaculatoria:

  • Yo te doy gracias, mi Dios, y quisiera poder en todo y siempre decir: ¡Si, Padre!, conformando a Tu divina Voluntad mi pequeña voluntad.

De la Química aprendió a hacer una fórmula a modo de lema: T2OS: Todo te ofrezco, Señor.

"¿Donde podré darme, Jesús, sin medida?"

  • ...En este momento, en que como nunca, con un ardor inigualable, quisiera darme, darme, Jesús, Maestro amado, sin medida, Esposo de mi alma, Tú que conoces mis ansias de apostolado, de celo por la salvación de las almas, ayúdame que sepa donde quieres la consagración integral de todo mi ser..."

  • ¿Cual será mi lugar en esta entrega total? Cuánta sed tengo de esa entrega y hay tantas cosas por delante. He procurado en todo momento, Jesús mío, encontrar tu voluntad y de acuerdo a ella actuar.

  • Estoy dando todo lo que soy... y entonces es cuando con ansiedad inmensa quisiera estar ya en mi lugar definitivo, libre de todas las cosas que nos atan y vivir la plenitud de una vida integralmente ofrecida.

Ansias del Amor Infinito

  • Que mi vida naufrague en el mar infinito de su amor.

  • Dame, Señor, fuerzas suficientes y sobre todo sublima cada día más y más este amor. ¡Purifica mis ansias, mis anhelos, Señor! y haz que este ardor de mi corazón se trueque en una sed intensa de unión contigo, Dueño amado de las almas, de intenso renunciamiento. Vivir solo para Tí, por Tí y en Tí.

  • Si es necesario, Señor, arranca mi corazón, lo que tu quieras, si ya no es mío. ¡Toma, Señor, que es tuyo este pobre corazón!

  • ¡Tengo sed de su amor! Un ansia extraña de entrega total, de inmolación silenciosa y escondida.

Espiritualidad de la Venerable, Mª Felicia de Jesús Sacramentado (Chiquitunga)

Tenemos sus preciosos escritos en diarios, poesías y cartas. Escritos de espontaneidad amable, sencillos, penetrantes, nos revelan que ella vivió en plenitud su vocación bautismal de apóstol.

Renuevo ante Tí, Jesús Hostia, este deseo sincero e íntimo de inmolar mi vida en aras de tu amor

La últimas fuerzas de mi ser Tú me las diste y a Tí Señor, las vuelvo

Todo mi afán está en trabajar hasta caer rendida, (como en algunas noches), y, aún rendida, seguir... hasta agotar las fuerzas por la Gloria de Dios y la salvación de las almas. Todo está entregado, y la consigna de la hora es trabajar hasta caer muerta, si es posible. Pero trabajar con espíritu en la más íntima y profunda unión con Dios.

Cuanto mas haya que hacer y donde estar, dando gota a gota de nuestra vida, tanto mejor, hasta que llegue el día ansiosamente esperado: en este momento mi papel no es otro que recibirlo todo con calma, como todo venido de la Providencia y no traicionar a la Causa."

Ofrecimiento de dolores:

Anoche, qué feliz me sentía al poder darme Dios la gracia de ofrecerle los dolores que sentía. No me he quejado un instante, antes bien, Señor, tú sabes cómo te lo ofrecía y sobre todo por esta nuestra decisión sublime de entrega total.

...pero Dios me ha dado la gracia grande de ofrecer agradecimiento, sin quejarme en nada y tratando de sonreir... No obstante, Jesús mío, sigo ofreciendo uno a uno, gota a gota, este cáliz por nuestro apostolado, ¡por tu gloria!

Me siento bastante decaída a veces.

Ya lo sabes, mi Dueño: cuando quieras, lo que quieras...

Como te agradezco, Señor, (este malestar físico intenso), íntegramente todo te ofrezco, Señor, por tu gloria y salvación de nuestra alma y, junto con la nuestra, la de miles de almas más.

Pronto comprendió que sin santidad no era posible el apostolado, es decir, la conversión de las almas.

 

Es necesario santificarnos para poder dar algo a los demás

 

Ofreciendo los recuerdos


Muchos son los recuerdos que tratan de avasallarme, ¡Jesús mío! ¡Cuanto en verdad me gustaría vivir, unos instantes, aquellos que serían imborrables! Pero con toda calma, con la generosidad más amplia, Tú ves cómo te los he ofrecido, ofreciéndote a cada instante todos los trabajos, luchas, angustias, cansancios de estos días.

FUENTE: wwwdelamanodeteresadejesus.blogspot.com